Peripecias de la cama a la ducha

Peripecias de la cama a la ducha

Cuento, Uncategorized
El día había empezado raro. Mi cuerpo parecía no poder resistir la fuerza de atracción que me ejercía la cama. Iba saltando entre lecturas, Graham, Cortázar, un libro sobre la física cuántica y Borges. Terminé cayendo en Carver, y finalmente me atrapó. O me atrapé, quizás. El relato empezaba con una conversación entre una mujer y un panadero, alrededor de las 4 o 5 páginas me di cuenta de que el panadero iba a tener cierta trascendencia llegando al final, porque Carver parecía querer esconderlo. Parecía querer que me olvidara de su malhumor injustificado. En fin, niño adorado fallece en circunstancias extrañas, padres contrariados vuelcan su furia hacia panadero que insiste en llamar a la casa, reunión en panadería y luego tranquilidad, porque hablando la gente se entiende. Todo eso…
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30/6/18 14:28

Micro-relato
Hoy es sábado 30/6 del 2018  y son las 14:28. Uruguay juega contra Portugal por octavos de final en 32 minutos. Tengo miedo, miedo de Crisitano, miedo de Quaresma, miedo de cualquiera que sea capaz de poner una cosa redonda en el tejido que está atrás de Muslera. Sé que si perdemos voy a gritar como un niño. Sé que si ganamos, también.  La única diferencia entre ganar y perder hoy, el sábado 30 de Junio del 2018, es que si ganamos se nos va a permitir soñar tres partidos más. 270 minutos más de sueño antes de volver a la realidad, la de siempre, la misma hija de puta que nos espera chupándose los dedos, el 16 de Julio.
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Meditaciones mundialistas.

Poesía
El mundial nos hace olvidar. Que bien que se mueve Cristiano, que cagado que está Messi, ¿que era lo del F.M.I? Nos desconcentra. Como hizo para clasificar Polonia, que asco que es Sampaoli, que lindo ese islandés, ¿guerra con quién? ¿en donde? Nos enoja. Pero corré fracasado, ¡corré! México de mierda, me cagó la penca, que traigan el muro. Sin embargo, también nos une. Nos hace sonreír con el gol de Panamá en un grosero 6 a 1. Hinchar por países por el simple hecho de ser latinoamericanos, tener tema de conversación con el tachero, juntarte con tus amigos y tirar estadísticas haciéndote el que sabés. Incluso me hace escribir esto, mirando un Japón-Senegal, aburrido hasta los huevos mientras un japonecito intenta una moña y se tropieza.
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El día del portero -Microrelato

Micro-relato
Un día todos, cansados, se fueron. Incontable fue la gente que se quedó encerrada y llegó tarde al trabajo, lo que supuso un golpe brutal a la economía. La bolsa cayó en picado. Infinitas doñas se quedaron sin su psicólogo low cost, la inseguridad tuvo picos históricos; nadie estaba dispuesto a salir de su casa por miedo a que lo roben. Así se generó una sociedad ermitaña y aislada. Cada uno en su hogar, protegiendo lo suyo. Y así seguimos. Y así nos fue. El mundo simplemente no estaba preparado para el día del portero.
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Azul – Micro-relato

Micro-relato
Azul. Todo es azul. Mis ojos se van para atrás, fugaces, esquivos. Siento la victoria, el éxtasis puro reservado casi exclusivamente a reyes e idiotas. El fluido me posee y me lleva a ese lugar donde solo estoy yo, y estando así de solo, no puedo sentirme más acompañado. Azul, todo-sigue-azul. De pronto salgo, lo miro a él. Él ríe. ¿Y, como te estas sintiendo pibe? Y yo quiero decirle, quiero decirle que el ser está ahí, escondido entre esos pastitos, al alcance de cualquiera. Pero le digo bien. Bien de bien. Porque decirle otra cosa no tendría sentido, porque el lenguaje es nada más que un manotazo de ahogado, un intento inútil de comprensión. Andá al kiosco, que falta Sprite, le digo.
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Cuestión de óptica -Micro-relato

Micro-relato
Él corre. Conociendo su crimen, corre.  Lo vemos como si fuera una hormiga colorada, gracias a su gorro rojo, distintivo hermosamente idiota si una piensa rapiñar a una señora matándola de un culetazo. En fin, lo vemos. Vemos como corre y sale a una calle chica. Lo vemos dudar. ¿Izquierda o derecha? ¿Realmente importa? Él no tiene ni idea, pero nosotros sabemos que si. Vemos que por la izquierda, en menos de veinte segundos, llegarán los policías. También vemos que si él elige la derecha y sube por el tejado de esa casa azul, logrará escapar. Lo vemos tomando la izquierda, chocando directamente con los policías. Lo vemos arrodillarse y tirar su arma. Por último vemos al policía enfrente de él. Lo vemos desenfundar su arma y apuntar. Este es…
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Otro día feliz en el mundo.

Micro-relato, Uncategorized
Siempre me gustó la teoría del caos. No por su lado científico, el cual no logro terminar de comprender, si no por su forma poética. ¨El aleteo de una mariposa en no se donde puede causar un huracán en no se donde pero más lejos¨. Siempre el mismo ejemplo. Siempre. Pero que desperdicio, che, pudiendo decir: ¨Las pisadas de un trabajador en Frankfurt pueden hacer caer el pote de dulce de leche de mi mesada¨, ¿En serio nos vamos a quedar con la mariposa? Estética nomás, pero que importante que es la estética hoy. Basta con mirar a los costados. Lamentablemente la mayor arma de muchas mujeres no es sus cerebros ni aptitudes, son sus tetas (o culo, dependiendo de la preferencia del consumidor y la/el/los consumidos). Y eso a…
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Las ventajas del decidido

Cuento, Uncategorized
Jamás había visto un muerto y no sospechaba que pudiera haberlos tan hermosos. Pensé que me impresionaría, que sería doloroso, horrible. No podía haber estado más equivocada. Muerto él estaba en paz. No la paz profesada por incontables religiones y gurús llenos de promesas y medias verdades Él estaba inmerso en la paz real, la paz derivada de la ausencia de pensamiento. La paz derivada del desprendimiento del ser. Porque ahora Armando ya no era Armando. Ahora era el cuerpo de Armando, nada más y nada menos. Pensé que esto sería lo más doloroso del asunto, el verlo ya muerto. Estaba, de nuevo, equivocada. El proceso había sido mucho más complicado, mucho más sucio. Ahora por fin estaríamos juntos. Ahora por fin estaríamos solos. Nuestro mundo juntos había sido grato,…
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Visiones -Microrelato

Micro-relato
Esa era solamente la segunda vez que veía a un caballo usando un paraguas. No podía cazarlo, me trascendía. Me trasciende. Empiezo, lo miro. Me mira. Intento capturarlo: primero la pata trasera, sutil, salvaje; nunca una herradura. Me equivoco, rabio, demasiado perfecta. Borro. Mi lápiz va más rápido que mi mente, que mis ojos. Necesito atraparlo antes de que se vaya, siento que no habrá tercera vez. La primera me agarró desprevenida, en sueños, desarmada. Pareció enojado, relinchó como diciendo: “Yo acá tan caballo con paraguas y vos ahí tan artista sin un lápiz”. Creo que entendió que para mí había sido imposible. Creo que solo por eso me dio otra oportunidad. Sigo, intento hacer el hocico, tomo bien sus curvas, alcanzo su textura. Me gusta el resultado. Arriba de…
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